Tras el rotundo éxito de ventas de Assassin's Creed Valhalla, Ubisoft decide hacer un DLC sobre uno de los personajes más relevantes de esta entrega: Basim. Este contenido descargable se fue magnificando hasta convertirse en un juego propio. Se vendió como una vuelta a los orígenes de la saga, no solo por la ambientación, sino también en la historia y en lo mecánico. Sin embargo, la realidad del juego es muy distinta a lo que se nos quiso vender.
El resto de apartados del juego es una versión descafeinada de las anteriores entregas RPG de la saga. Hay cosas que simplemente no encajan. El juego no tiene niveles ni experiencia, pero sí un árbol de habilidades. Las misiones son las que nos dan los puntos para mejorar ese árbol. La cuestión es que hay misiones que son una tontería que dan más puntos que misiones más difíciles. Además, las habilidades son bastante sosas y además repetidas del juego anterior. Creo que, aprovechando que Basim es un aprendiz, podía haber ido adquiriendo mejoras a lo largo de las distintas misiones, como pasa en el segundo juego, por ejemplo.
Para lo demás, el bucle jugable ya conocido. Llegar a un lugar, llamar al águila, descubrir enemigos y acabar con ellos en sigilo. Ni más ni menos. Falta alguna que otra misión distinta que aporte un poco de frescura a lo monótono de la historia principal. Es cierto que tenemos una rueda de herramientas, pero no supera lo anecdótico. Los cuchillos arrojadizos y la cerbatana no llegan a ser importantes nunca.
En definitiva, Assassin's Creed Mirage no debería haber pasado de la categoría de DLC. Una propuesta tan floja como poco innovadora que no será uno de los más recordados de la saga estrella de Ubisoft. Una pena porque tenía muchos ingredientes para brillar y parte del público queriendo volver a la fórmula clásica.




Comentarios
Publicar un comentario