Es difícil escribir sobre videojuegos. Poner palabras a imágenes y experiencias no es tan fácil como podría parecer a priori. El género Survivor-like o bullet heaven es de esas cosas complicadas de explicar. Vampire Survivor inaugura toda una forma de hacer videojuegos centrado en lo rogue like y en lo automático, dejando en las manos del jugador únicamente la elección de qué objetos llevará nuestro personaje. No disparamos, no requiere ningún tipo de habilidad, nada. Pero hay algo cuando subes de nivel. Hay un chute de dopamina cada vez que recoges gemas y ves cómo la barra no para de subir. La merecida fama de Vampire Survivor provocó un alud de juegos, algunos mejores y otros peores, algunos más originales y otros más copias baratas, pero todos compartían justamente eso: el chute adrenalínico de subir de nivel.
Ball x Pit tiene un nombre raro, pero, a su vez, muy descriptivo: lanzamos bolas por un agujero. Aquí es donde vemos al clásico Arkanoid, una de sus principales influencias. En Arkanoid, controlábamos a una plataforma y debíamos hacer rebotar una bola para ir destruyendo los ladrillos de colores de la parte superior de la pantalla. Un juego sencillo, pero funcional y divertido en el que las físicas lo son todo. Aquí, no hay ladrillos, hay enemigos. Estos irán bajando paulatinamente por la pantalla y debemos acabar con ellos antes de que lleguen al final. Algunos enemigos disparan, otros se mueven lateralmente o te lanzan veneno. Por tanto, posicionarte adecuadamente es fundamental. Además, el juego cuenta con diferentes jefes por nivel con mecánicas únicas, pero que son más sencillos que el propio nivel en sí. Con respecto a estos, son muchos y variados, al menos estéticamente, porque jugablemente son iguales. Tiene ideas que deberían aprovecharse mejor.
Matar estos enemigos nos da experiencia que debemos recoger del suelo para subir de nivel. Al hacerlo, podemos seleccionar nuevos tipos de bolas u objetos pasivos para mejorar a nuestro personaje en el descenso por el agujero. Como ya es costumbre en el género, tanto las bolas como los objetos pasivos tienen sinergias interesantísimas que te hace borrar de un plumazo todo. Sin embargo, cuenta con un pequeño giro. Además de las sinergias, podemos crear las nuestras propias. Los objetos ya evolucionados se pueden mezclar para unir todas sus características. Esto no solo nos hace formar una bola más destructora, sino que nos libera un hueco para seleccionar otra y seguir aumentando nuestro poder ofensivo. Una idea fantástica que hace que tu build no se cierre tan pronto y siempre estés mejorando cosas.
Además de las bolas y los objetos pasivos, los personajes también tendrán características únicas y deberemos tenerlos en cuenta a la hora de jugar. No solo empiezan con objetos distintos, sino que el gameplay de cada uno es completamente diferente. Hay un personaje cuyas bolas atraviesan a los enemigos, otro con un escudo que hace rebotar las bolas frente a él, otro que dispara sus bolas en arco e incluso uno que juega automáticamente. Al completar cada fase, estos subirán de nivel, consiguiendo mejoras permanentes en sus atributos.
Aunque no todo es disparar. Tras terminar cada fase, subiremos a nuestra aldea. Ball x Pit nos propone las mejoras permanentes a través de la construcción de edificios. Al principio parece un añadido insulso que no va a ningún lado, algo para darle variedad sin más, pero conforme vas desbloqueando edificios entiendes que optimizarlo todo es clave. Hay edificios que lo cambian todo e ir descubriéndolos es parte fundamental del disfrute.
Ball x Pit tiene un ADN clásico, pero al mismo tiempo bebe de los nuevos géneros. Es una propuesta que sabe sumar y proponer cosas nuevas a un género que parece que ya lo ha dicho todo en tan poco tiempo de vida.





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