Expedition 33 tiene sus claroscuros

Clair Obscur Expedition 33 es un JRPG. Sí, es un juego francés, y se nota, pero el JRPG es más que una denominación de origen. Esas cuatro siglas son un modo de entender el videojuego. Tiene algo este género, un je ne sais quoi que les hace transmitir mucho más que otros.

Este juego se sirve de ese poder de transmisión y lo aprovecha a su favor en una propuesta única, con sus claroscuros, pero que no se debe pasar por alto porque traspasa la pantalla.

La sinopsis de la historia es de sobras conocida: hay una pintora y un monolito. Esta pinta un número, en este caso el 33, y las personas de esa edad desaparecen a lo Infinity War. Para evitarlo, se envían expediciones para acabar con esta pintora. Es justo en este punto donde entramos nosotros. Somos un chico muy preparado que dirige la expedición número 33. Es, cuando partimos hacia lo desconocido, donde el juego despliega toda su carisma.

Esta historia no seria lo mismo sin sus personajes. No es que sean nada del otro mundo en realidad, pero cuentan un unos actores de doblaje que lo hacen de diez. Una pena que la trama no acompañe. Al principio es interesante, pero conforme va desvelando sus secretos y resolviendo sus misterios se vuelve predecible y algo aburrida. Le sienta mejor ser más metafórica. Sin embargo, los temas que trata están bien llevados como el dolor, la pérdida, la superación, la venganza, entre muchos otros.

Por otro lado, los entornos son maravillosos. Expedition 33 fusiona el mundo de los sueños con una Paris decadente y destruida. A esto se le añade aldeas de marionetas, fondos marinos y cuevas completamente locas. Lo urbano y lo natural conviviendo en el mismo espacio. Entiendo que el estilo artístico es algo subjetivo, te puede gustar o no, pero sí es fresco. En un género sobrecargado de fantasía medieval, una Paris imaginaria sin caballeros ni magos de bastón y sombrero se siente completamente nuevo. El diseño de los personajes es raro, distinto, especialmente las criaturas que nos encontramos en nuestra aventura, pero ahí está la gracia. Sería decepcionante tener que enfrentarte a esqueletos como en tantísimos videojuegos.

Y vayamos justo a eso, a los enfrentamientos. No inventan nada. Este juego no hace nada que ya no haga la saga Mario & Luigi. Es una comparación cero irónica. Cuando sea el turno de nuestros enemigos, podremos esquivar, bloquear o saltar sus ataques. Por supuesto, para hacerlo bien, deberemos fijarnos muy atentamente no solo a los movimientos, sino también al sonido que hacen. Sí, justo igual que en Mario & Luigi. Aunque este parecido no le quita mérito. El combate es muy divertido y saber hacer bien los parrys es fundamental. Ejecutarlos correctamente nos dará más PA, lo que nos permite usar más magias o habilidades. Por tanto, es el centro de todo. Sin embargo, a veces se siente injusto. En ocasiones, te comes algunos ataques sin sentido o la animación tarda mucho en recuperarse como para poder bloquear dos ataques rápidos seguidos 

Unido a esto, los integrantes de nuestra party están muy bien definidos entre sí. Gustav, Monoko, Maelle o Lune tienen mecánicas únicas y saber convinarlos es clave. Para ello, tenemos un árbol de habilidades muy completo y unas pasivas intercambiables llamadas "pictos" que nos darán mejores estadísticas o la posibilidad de empezar siempre nosotros el combate. Una pena que los menús sean un absoluto desastre. El diseño es incómodo, das vueltas por los mismos algo perdido, y en ocasiones no sabes dónde está cada cosa. Necesitan un rediseño. Estoy convencido de que lo pulirán en futuras entregas.

Pese a todo, es un combate disfrutón, lleno de posibilidades y combinaciones que harán las delicias de los más comidos del género. Esas personas que ven un JRPG y piensan directamente en cómo optimizar a los personajes como si de una hoja de Excel se tratase.

Pero, como decía, el mérito del juego traspasa la pantalla. Es muy meritorio que un grupo de unas treinta personas hayan desarrollado está maravilla. Y sobre todo es una declaración de intenciones a toda la industria. Demuestra que haciendo un juego humilde, corto, pero muy bueno es capaz de triunfar rompiendo todos los récords de ventas. Pone de relieve como no hacen falta superproducciones de millones de dólares en una industria cada vez más cara para los consumidores.

Expedition 33 no es un juego perfecto. No va a cambiar el género y, desgraciadamente, no cambiará tampoco la industria. Pero más allá de eso es un título robusto, fresco y disfrutable que te robará unas horas deliciosas. Un claro candidato a juego del año.


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