¿Os acordáis de una época donde no había política en los videojuegos? No, yo tampoco. El ser humano es un animal político y cualquier representación artística que este cree refleja, en mayor o menor medida, su pensamiento. Si pensamos, por ejemplo, en Call of Duty, se trata de una alabanza a las armas, a lo militar y a lo estadounidense. Stardew Valley nos habla sobre la relación entre la naturaleza y el ser humano y cómo este lo aprovecha en su favor para ganar dinero y alimentar un sistema capitalista. Incluso juegos aparentemente apolíticos como Mario o Kirby son políticos en su insistencia de no contener mensaje alguno.
Los Wolfenstein, The New Order y The New Colossus, están increíblemente marcados políticamente. Así que escopeta en mano, vamos a adentrarnos en ellos.
¿Os acordáis de una época en la que no había que respetar las opiniones de fascistas? Es curioso como en 2014 y en 2017, cuando salieron ambos juegos, este tipo de opiniones eran una parodia, un chiste. De hecho, matar nazis en un videojuego era el pan de cada día. Ocho años después, tras una pandemia y una subida de la extrema derecha a nivel mundial, los fascistillas están a la orden del día. Estos juegos se convierten en una reivindicación de la democracia y del antirracismo, que antes se daba por hecha y ahora son conceptos que comienzan a tambalearse a ambos lados del Atlántico.
Wolfenstein nos propone un mundo distópico donde los nazis ganan la guerra. Son ellos los que finalmente lanzan las bombas nucleares que esta vez no caen en Japón, sino en la ciudad de Nueva York. Esta victoria provoca el comienzo de una conquista mundial, quedando todo el mundo occidental bajo el dominio del Imperio Alemán. Nosotros asistimos a todo este gobierno del terror, represivo y supermilitarizado. Los avances científicos se han centrado en producir una maquinaria militar más sangrienta y efectiva. Pero encarnamos a William Blazkowicz, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, que ahora lucha a favor de la libertad y la liberación.
Esta liberación no la haremos solos. Los personajes del juego son uno de los pilares del mismo. Son increíblemente carismáticos, con unos diálogos muy Tarantino. Especialmente en la segunda entrega donde el elenco se amplía en muchas direcciones. Son los personajes lo que nos demuestran que no solo importa disparar. También es importante el amor, pasarlo bien, el sexo y disfrutar de los pequeños momentos juntos. En la otra cara de la moneda están los villanos. Increíblemente carismáticos y malvados que en cada aparición dan ganas de darles un fuerte abrazo por la espalda con la ayuda de un cuchillo o un hacha.
Para luchar por la democracia, usaremos el lenguaje más efectivo: las balas. El centro de todo el juego es, básicamente, matar nazis. Y qué bien se matan. Cada una de las armas están super bien cuidadas y son muy satisfactorias de usar, desde la pistola más básica hasta las armas pesadas que convierten en papilla a los enemigos. También es un punto importante el sigilo. Alarmar a los comandantes hará que no paren de venir enemigos, así que tendremos que acabar con ellos los primeros y en silencio. En estos casos, nuestro mayor aliado es el diseño de niveles. Conductos, recovecos, bajos de coches, lugares ocultos, todos caminos ideales para resolver los niveles de mil y una forma. Al final, el juego nos termina ofreciendo un pequeño puzle para acabar con los comandantes cuya última pieza es siempre una masacre.




Comentarios
Publicar un comentario