Indiana Jones, el Gran Círculo y cómo golpear a fascistas

Aunque ya había juegos menores de Indiana Jones, Tomb Raider es la primera traducción completa de la saga cinematográfica a los videojuegos. No es un secreto esta fuerte inspiración. Como tampoco es un secreto el cómo la saga Uncharted bebe también a su vez de las aventuras de Lara Croft. Machinegames decide no cerrar el círculo de inspiraciones y, en lugar de hacer un Uncharted o un Tomb Raider, ha conseguido un juego que aporta una experiencia completamente nueva, poniendo en el centro de todo al entorno.

La estructura del juego es una de sus claves. Por supuesto, como en cualquier película del Doctor Jones, viajaremos a distintos puntos del planeta. El juego gira en torno a tres grandes zonas: el Vaticano, Guiza y Sukhothai. Estas zonas están pensadas para perderte, para explorar sin restricciones y así descubrir sus secretos y detalles fascinantes. La ambientación es sublime en cada rincón, pero esta no sería nada sin el diseño de niveles. Nada está colocado al azar. Si necesitas colarte en un campamento nazi, por ejemplo, tendrás varias rutas para hacerlo y en función de cómo juegues encontrarás una u otra. Esta genialidad resalta también en los templos y tumbas que exploramos. Sin embargo, será mejor que sus secretos y puzles queden para los que decidan adentrarse en ellos.

Aunque entremos un momento sin desvelar nada. Es en el interior de los templos donde el juego salta más de la primera a la tercera persona. Se utiliza principalmente para los momentos de parkour como descolgarnos de un bordillo o balancearnos con el látigo. Más que resultar un problema le aporta más personalidad al juego y crea una inmersión única. Era un supuesto inconveniente que creó controversia antes del lanzamiento, pero que deja de serlo en cuanto juegas unas horas.

Nuestro mayor aliado a lo largo de la aventura, tanto fuera como dentro de los templos, será nuestra libreta. En esta podremos consultar el mapa, ver los puntos de interés, además de seleccionar las misiones a seguir. Nos será muy útil también en los puzles porque en esta apuntaremos las diversas pistas. No se trata de un simple menú. La libreta está perfectamente integrada en el gameplay y no corta la experiencia en ningún momento. Un pequeño detalle que enriquece el conjunto.

Como decía, el entorno lo es todo y colarse sigilosamente en los campamentos de los fascistas a veces no sale del todo bien. Así que, como arma, nos tendremos que servir de cualquier cosa que esté por el escenario: desde rastrillos y palas hasta matamoscas y sartenes. Todos ellos tienen unos puntos de durabilidad, es decir, tras un número de golpes se rompen, así que continuamente necesitaremos encontrar nuevas herramientas capaces de noquear a cualquier camisa negra o nazi que se nos cruce. Por supuesto que podemos disparar también, pero el juego claramente no quiere que lo hagas. Disparar alertará a todos los enemigos y en cuanto el cargador de un arma se agota, solo la podremos usar para pegar con su mango. Aunque, sin duda, nuestras armas más poderosas son los puños y el látigo.

Pegar está mal, pero pegar a pequeños hitlers y a seguidores de Mussolini está muy bien. Podemos cargar el puñetazo, cubrirnos, agarrar e incluso hacer parry. Es increíblemente divertido. Además los golpes tienen un sonido cómico que le da un punto de satisfacción brutal. El látigo, aparte de para el parkour, también es útil en el combate y es un complemento perfecto a los puños. Aquí también debemos fijarnos en el entorno para tirar a los enemigos de un saliente o poder empujar a un enemigo contra otro.

En definitiva, Indiana Jones y el Gran Círculo no es otro Tomb Raider, ni un Uncharted en primera persona, es un juego increíblemente original y divertido que enriquece al género de aventuras con una trama a la altura de las películas y unos gráficos bastante resultones. Sin duda un juego muy recomendable te guste o no la saga creada por George Lucas.

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