Desde que el ser humano desarrolló un dedo oponible, el dedo gordo, comenzó a afilar cosas para ser usadas como utensilios. Rápidamente se nos vienen a la cabeza lanzas, cuchillos, espadas, tijeras, pero uno de los objetos más cortantes son los folios. Hacen un corte invisible, imperceptible, que solo duele cuando menos te lo esperas. Una molestia que te puede joder una mudanza, escribir o incluso jugar a videojuegos. Pequeños momentos del día a día fastidiados por ese dolor sigiloso. Final Fantasy VIII es justamente eso.
La historia sin ser nada del otro mundo está entretenida. Pertenecemos a una especie de fuerzas especiales y se nos irá encargando una serie de misiones hasta que descubrimos la verdadera trama: matar a la bruja que quiere dominar el mundo. Sí, de nuevo una trama de salvar el mundo. Pero el juego utiliza estos encargos para mantener siempre al jugador activo y para petarlo de minijuegos que aportan muchísima frescura a un combate ya trillado en 1999.
Aquí es donde nos duele el corte en el dedo. El combate está apañado, pero peca en cosas sin sentido que lastran las buenas ideas que el juego tiene. Es divertido que nos obligue a cambiar continuamente los integrantes del grupo, pero no tiene sentido que los que están fuera no ganen experiencia. Se da la situación que tus personajes favoritos estén a nivel 40 y el resto al 13. Te obliga a farmear si quieres avanzar tranquilo. Ahora bien, por algún motivo, los combates de la historia no dan experiencia, así que prepárate para cargarte a bichos cualquiera para subir de nivel.
Aunque a veces sea pesado, avanzar en la historia te recompensa con unas cinemáticas que son de diez. Square puso toda la carne en el asador y aplicó todo lo aprendido en Final Fantasy VII. El juego es muy cinemático. Se nota en los tiros de cámara, en la espectacularidad de las imágenes y en exprimir la consola de Sony al máximo. Pese a los años que han pasado, el aspecto gráfico ha envejecido increíblemente bien, dejándote con la boca abierta tantos años después.
Pero si hablamos de las magias y las invocaciones, nos vuelve a doler el dedo. El sistema es muy enrevesado y engorroso. Los Guardianes de la Fuerza, las invocaciones de toda la vida, ahora se pueden equipar. Estos se enlazan con distintas estadísticas de tu personaje para mejorarlas. Sin embargo, no mejoran hasta que les asocias una magia. Ifrit, por ejemplo, cuenta con un enlace de fuerza, que si le añades la magia de piro, sube la estadística. El problema viene cuando las magias son consumibles y usarlas cuando las tienes enlazadas hace que te baje esa estadística. Además, en muchas ocasiones, sobre todo al principio del juego, estas cambiando los Guardianes de la Fuerza de un personaje a otro. Añade excesivas horas de menú para un sistema regulero que entorpece más que ayuda.
En general es una propuesta presuntuosa. Se piensa más listo y más complejo que el jugador. Sin embargo, la trama es bastante liosa un poco porque sí y el sistema de los Guardianes de la Fuerza es farragoso también porque sí. Entiendo que estar tras la sombra de ni más ni menos que de Final Fantasy VII debe ser muy difícil, pero apostar por algo así es tan arriesgado que es complicado acertar.
Final Fantasy VIII cuenta con muchísimos aciertos, pero con unos fallos que permean todo el juego. Son ideas que sobre el papel no son malas, pero se ejecutan de forma torpe y en ocasiones sin ningún tipo de sentido. Le sentaría genial un remake donde retoquen todo eso y no duela como un corte en un dedo.





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